No la puedo pasar al discord por eso lo pongo aqui
Por El Sek
Siempre he sido un pendejo para los putazos, de eso no hay duda. Era una noche de jueves. Mi padre había decidido llevarme a la Arena Neza para ver cómo se rifaba en ese entonces mi ídolo, El Octagón, quien se enfrentaba a su eterno rival, Fuerza Guerrera.
Eran un encuentro que prometía y, además, en la cartelera aparecían nombres como el de Pimpinela, Súper Muñeco, Súper Ratón y el pinche Espectro que siempre me dio miedo.
Yo estaba bien pinche emocionado por ver a Octagón. Desde que vi su película con el Atlantis, donde desmadraban al crimen organizado, me hice su fan, claro, con todas las limitaciones que un fanático de 10 años puede tener.
Ya habían pasado tres peleas y todavía no podía creer que iba a ver al Octagón, por eso no puse mucha atención en las demás batallas. Quería presenciar a ese cabrón cómo le partía en su madre al Fuerza Guerrera.
Cuando terminó el encuentro que dio pasó a la lucha estelar, vi que varios niños se subieron al cuadrilátero con el afán de jugar aunque sea unos minutos en él, y así sentirse luchadores. Mi padre me dio permiso de ir a jugar con ellos.
En el ring comencé a simular los vuelos de los grandes. Recuerdo mucho un vuelo de Oro que se aventó desde la tercera cuerda para darle en su madre a Espectro con todo y marometa incluida. Pero de repente un niño gordo se me acercó y me preguntó si quería jugar con él, a lo que accedí en corto. Se veía buena onda pero hijo de la verga, comenzó a mancharse desde el principio. Primero me hizo la llamada manita de puerco, y yo ahí aguanté vara. Luego me puso unos pinches patines bien manchados, también aguanté. De repente quiso hacerme el pinche martinete pero ahí sí me zafé y quedé tumbado en la lona tratando de asimilar la putiza que me estaban poniendo.
Desafortunadamente ese tiempo de reflexión sirvió para que el niño gordo en chinga se subiera a la tercera cuerda y se lanzara sobre mí para hacerme la famosa plancha. Me sacó todo el aire el hijo de la chingada, por lo que inmediatamente se me salieron las de cocodrilo. Mi padre no se dio cuenta porque ya estaba bebiendo cerveza y hablando con unos rucos que estaban a lado de nuestros asientos.
Comencé a llorar bien machín y el niño gordo al sentir pena ajena por mí se alejó el culero. En eso salió el Octagón y comenzaron a desalojar el ring. Con lágrimas en los ojos no me quería alejar del cuadrilátero, quería aunque sea estrecharle la mano a mi ídolo. Cuando se acercó el Octagón me vio con la cara toda sucia por las lágrimas y me dijo: “No saludo a putos”. No supe cómo tomar esa expresión del pinche Octagón. Regresé a mi asiento todo atolondrado, vi a mi papá y le dije: “Jefe, creo que ya no le voy a Octagón. Ojalá se lo madreé el Fuerza Guerrera”.
En efecto, ese día Fuerza Guerrera le metió una putiza. Los listones que estaban integrados a la máscara de Octagón sirvieron para que fuera atado a las cuerdas del ring y de ahí el rudo aprovechó para darle su respectiva chinga.
Al final me alegré que se madrearan a Octagón. Sin embargo, como era de esperarse, el culero ganó la pelea porque el Fuerza Guerrera violó como cien normas de la lucha libre, pero pues era rudo, no esperaba más.
Salí con una sonrisa de la Arena Neza, ya que la venganza llegó demasiado rápido para mí. A partir de ese momento fui 100% rudo.
ESE NINO ERA YO
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